Home Economía y Política Actualidad Siria: ¿qué sucederá al final de la tregua?

Siria: ¿qué sucederá al final de la tregua?

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Mientras usted lee esta columna, la tregua en Siria para promover que la ayuda humanitaria llegue a las poblaciones afectadas por el conflicto en este país, está acabando. Lo frustrante es que ni siquiera las Naciones Unidas ha podido desplazar todo su aparato logístico para que quienes no intervienen en esa cruenta guerra que ya lleva más de 5 años y medio, puedan alcanzar un mínimo de alivio. Tengamos presente que no es la primera vez que se consigue el alto el fuego en Siria donde el conflicto a estas alturas se ha convertido en la regla. Los esfuerzos para que las diplomacias estadounidense y rusa se pongan de acuerdo, tuvieron, una luz al final del túnel la semana anterior. Luego del sonado fracaso en el marco del G20 en China, más pudo la cruenta realidad interna que los inocultables intereses de las dos potencias. Los muertos que ha dejado el conflicto en este país árabe suman más de 300,000 y esa cifra por sí misma es un espanto para comunidad internacional hasta ahora no ha podido mover sus fichas para acabar con el estado de barbarie que allí se vive. Los representantes de Washington y Moscú, esto es, el secretario de Estado, John Kerry, y el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, respectivamente, llegaron a pactar la tregua en Ginebra pero sin poder ocultar la decisión firme de acabar la guerra. Mientras tanto, lo que sí preocupa a la comunidad internacional es que la referida ayuda humanitaria durante el tiempo de esta tregua no haya sido canalizada conforme lo esperado. La ONU cree que esta situación de incertidumbre no debe distraer que en octubre próximo pueda comenzar un franco proceso de negociación de la paz para Siria. En Ginebra, entonces, deberán mostrarse las intenciones de querer o no, llegar hasta el final que es la paz permanente. Nadie sabe qué pasará luego de este efímero lapso humanitario que –repito- está llegando a fin. Uno de los puntos más complejos de la negociación es el futuro del dictador Bashar al-Assad que Rusia protege incondicionalmente pero que EE.UU. hace rato lo quiere ver fuera del poder.

El más beneficiado con la ausencia de acuerdos sustantivos sobre el futuro de Siria, sin duda, es el Estado Islámico, que ha logrado un importante clima de desestabilización interna. Las verdaderas intenciones de Washington y de Moscú serán más visibles próximamente, pero ninguno de los dos debería considerar a sus pretensiones por encima de la paz en ese país violentado sobre cuya realidad el propio secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, recientemente ha condenado el inmisericorde bombardeo sobre un hospital en la zona de Alepo, uno de los territorios más devastados tanto por parte de los actores convencionales como es el caso de las fuerzas del régimen del referido presidente Bashar al Assad, como de los rebeldes que buscan la salida del dictador, y con éstos los actos sanguinarios que son los grupos terroristas que buscan profundizar la desestabilización del país. La fragilidad de la tregua no pasa ni siquiera porque las partes mantengan posiciones totalmente antagónicas, sino porque su gravedad está asociada a los desacuerdos entre los referidos actores visibles. En efecto, los Convenios de Ginebra de 1949 y sus protocolos complementarios que establecen la prohibición de atacar a los civiles o a las posiciones en que se encuentren, siempre en medio del combate, han sido tirados al suelo. Esto impacta en una de las mayores garantías internacionales consagradas históricamente en el clásico derecho de la guerra. Ban Ki-moon sabe de la magnitud de este tipo de atropellos y por eso ha calificado a los ataques realizados por las potencias exógenas, EE.UU. y Rusia, acerca de los nefastos ataques que realizan de modo inmisericorde. Ambos países saben que este tipo de acciones al margen del derecho tarde o temprano podrían promover niveles de responsabilidad penal individual en el marco de la Corte Penal Internacional, así que deben actuar con mucho cuidado.

En ese sentido, no es un secreto que el conflicto en Siria que tiene en EEUU y Rusia, a los actos externos más visibles, por estas circunstancias, carezca de medios concretos fundados en la voluntad manifiesta para poder alcanzar la paz ansiada. Mientras el régimen de Bashar al Assad siga contando con el apoyo incondicional de Moscú que no acepta la salida del tirano presidente, Washington seguirá apostando por los grupos rebeldes al gobierno que buscan a como dé lugar su salida. En medio de esta correlación de fuerzas, los intereses exógenos a que me he referido, buscarán a como dé lugar el cese definitivo de las hostilidades para facilitar la tarea humanitaria que permita aliviar a los civiles que son los directamente afectados en esta guerra interna. Una cuestión de fondo sustantiva es que un cese al fuego, que termina en pocas horas, no asegura la paz permanente pues el otro actor visible pero que está al margen de las reglas del derecho internacional humanitario (DIH), que por cierto no conoce ni respeta nada, esto es, el Estado Islámico, debe ser neutralizado. Mirando más desde el fondo del problema, EEUU y Rusia han metido sus narices en Siria y no es la primera vez que lo hacen en espacios del globo de enorme importancia geopolítica como sucede con este país, donde ambos Estados decididamente buscan imponer su enorme poder e influencia. Con actitud sincerada ambos países podrían coadyuvar a llegar muy lejos en este conflicto, pero para que ello suceda todavía hace falta la verdadera decisión para allanarlo.

Imagen: www.un.or

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