Además de los recientes escándalos en el congreso, durante esta semana sucedieron dos hechos importantes, ambos vinculados a sanciones dadas por el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual: una a supermercados (Plaza Vea, Totus, Wong y Metro, y sus respectivas compañías) que cobraban en caja más de lo que anunciaban en su publicidad, y otra hacia sobre farmacias (Inkafarma, Mifarma, Fasa, Arcángel y Felicidad) concertando precios entre sí.

Sobre el caso de los supermercados, El Comercio señala:

“Panorama comprobó que en el supermercado Tottus ofrecían, a través de un encarte, productos a S/2.99 cada uno. Dichas ofertas también aparecían en las góndolas. La reportera Vicky Zamora pagó por cuatro de ellos. Haciendo cálculos, solo debían cobrarle, como máximo, 12 soles, pero en caja no respetaron el descuento en dos artículos. Volvió a hacer tres compras más de los mismos productos y la historia resultó igual.»

Por otro lado, Semana Económica explica:

“Indecopi detalló que durante la investigación se acreditó que las cinco cadenas de farmacias coordinaron para incrementar los precios de 36 productos farmacéuticos y afines, de diferentes marcas y en fechas específicas, desde enero de 2008 a marzo de 2009.”

Si bien es loable la labor realizada por Indecopi en ambas situaciones, temo que son sanciones que llegan tarde. Pasaron 8 años desde que inició la concertación en el caso de las farmacias, y es válido dudar también si esto no ha sucedido ya en otras situaciones sin que nos hayamos dado cuenta de aquello. Del mismo modo, tampoco podemos conocer a ciencia cierta cuándo es que comenzó la estafa en los supermercados. Es necesario que Indecopi continúe con su labor fiscalizadora y esté más atento a potenciales abusos y también que nosotros, como consumidores, no dudemos en realizar reclamos justos y hagamos valer nuestros derechos.

Por otro lado, el caso de las farmacias es sin duda más grave en la medida que es un atentado directo contra las normas de libre mercado que regulan nuestra economía, y lleva a un par de reflexiones. En un sistema ideal, las compañías competirían entre si para ofrecerle un mejor servicio y/o producto a los consumidores. Sin embargo, se dieron casos donde las empresas de un mismo rubro coordinaban entre sí para aumentar en conjunto sus precios y así aumentar su lucro en percance de los consumidores. Este tipo de situaciones, ante todo comunes en oligopolios, llevaron a la creación de las llamadas leyes anti-trust en Estados Unidos y en otras partes del mundo. A pesar de esas barreras legales, como este caso lo demuestra, las empresas han encontrado la manera de burlarse de la ley y continuar lucrando sin remordimiento. Frente a esta actitud, las multas parecen quedar chicas.

Algunos sectores de nuestra economía luego de los 90´s carecen de una regulación estatal. Si bien esto en principio no es malo y es saludable que se llegue a un estado de libre competencia y autoregulación. Sin embargo, esto a veces puede fallar (como sucedió, por ejemplo en el caso de la educación) y afectar negativamente a los consumidores. Lo sucedido en el caso de las farmacia amerita una mayor discusión y revisión de nuestras leyes y regulaciones, para determinar a ciencia cierta si estamos haciendo lo suficiente o si es necesario plantear algunas reformas.

(Imágen: asecoint.com.pe)

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