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Decir una cosa y luego otra

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Aun cuando hace pocos días Donald Trump declaró en una entrevista concedida al ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee que antes de tomar la decisión de trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv a Jerusalén quiere intentar alcanzar un acuerdo entre palestinos e israelíes[1], se trata de una actitud conciliadora que no mantuvo a lo largo de sus dos años de incursión en la política. Es así que una de sus promesas más significativas- y repetidas- dirigidas a Israel durante su campaña fue, precisamente, su determinación de reubicar la embajada e, incluso, llegó a afirmar que lo haría el primer día de su mandato, lo que, hasta el momento no ha ocurrido. En realidad, desde que asumió el mando, ha intentado esquivar el tema y en junio firmó una exención para dilatar su reubicación con una validez de seis meses (este ha sido un recurso utilizado durante sucesivas administraciones desde 1995).

Sin embargo, y a pesar de su progresiva moderación, por decirlo de alguna manera, la sintonía que ha mantenido con el primer ministro israelí es notoria- aunque últimamente se filtró una conversación que habría mantenido con el secretario general de la ONU durante la Asamblea General, donde habría dicho que Benjamin Netanyahu resulta la parte más difícil de convencer para llegar a un acuerdo de paz[2]-, así como las simpatías hacia la administración israelí, que es considerada la más reaccionaria de su historia. Una de las expresiones más claras de esta afinidad fue el nombramiento de David Friedman como embajador de Estados Unidos en Israel, célebre por sus comentarios y posturas que lo posicionan en el polo ultraderechista del espectro político de este último país. Defensor de la causa de los asentamientos israelíes en territorio palestino ocupado (TPO) y valedor de su anexión, su idoneidad para el ejercicio del cargo ha sido severamente cuestionada, tanto antes como después de su ratificación por parte del Senado.

Friedman integró desde muy temprano el equipo de Donald Trump, ejerciendo, durante la campaña electoral, la presidencia del Comité Consultivo para Israel junto con Jason Greenblatt, a la sazón actual representante de Estados Unidos para Medio Oriente y el principal encargado de conducir las negociaciones entre israelíes y palestinos. Y aunque el gobierno norteamericano se ha contenido en la aplicación de su programa inicial destinado a estrechar aún más los lazos con su principal aliado en esa región, su embajador no ha cesado de causar polémica por sus declaraciones negando el alcance y los efectos de la ocupación, e incluso, en algún caso, su misma existencia.

Así, en una entrevista concedida hace poco más de un mes al diario The Jerusalem Post, Friedman hizo referencia a la “presunta ocupación” israelí del territorio destinado a constituir el Estado palestino.[3] Pero, quizás, los comentarios más controversiales hasta el momento los realizó hace algunos días al medio Walla! cuando reafirmó que, a su parecer, los asentamientos forman parte de Israel. Aún más, dijo que la resolución 242 adoptada por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 1967 implicaba “alguna noción de expansión” a Cisjordania, pero no necesariamente una expansión en su “totalidad” y que sería precisamente eso lo que Israel habría hecho, pues “solo” ocupa- o, cuando menos, los asentamientos- el 2% de ese territorio.[4]

Ante tan particular interpretación de la realidad- que se adecúa bastante bien a una administración que actúa bajo los parámetros de “hechos alternativos”- cabe aclarar que, en buena cuenta, se trata de una distorsión flagrante de nociones y verdades asumidas por virtualmente toda la comunidad internacional. En primer lugar, con respecto a la intención detrás de la resolución 242, esta, en ningún momento, ampara la anexión de los territorios ocupados por parte de Israel en la guerra de 1967. Por el contrario, señala explícitamente la inadmisibilidad de la adquisición de territorios por medio de la guerra y demanda a este último el retiro de sus fuerzas armadas.[5] Que hasta el momento Israel no haya cumplido cabalmente con esta resolución, contraviniendo claramente el derecho internacional, no puede conllevar una mutación o una inversión de la intención inicial con la que fue concebida, siendo esto una imposibilidad fáctica.

Por otra parte, la sugerencia de que Israel “solo” ocupa 2% de Cisjordania implica una negación de la premisa anterior, pues si el Consejo de Seguridad avalaba la anexión y, por lo tanto, la integración a Israel de parte del territorio destinado de forma primigenia a un “Estado árabe”, entonces no tendría por qué habérsele considerado tanto en ese momento como ahora la fuerza ocupante. Cabe resaltar, así, que las Naciones Unidas, de forma sistemática, se ha referido a Cisjordania y Jerusalén Oriental como un territorio ocupado. Pero más allá de las inconsistencias internas, está la voluntaria intención de mentir sobre el alcance real de la expansión. Y es que alegar que Israel- o los asentamientos- solo ocupa un 2% de Cisjordania es incurrir en una mentira tan evidente que simplemente no tiene forma de sostenerse en los hechos.

Bajo los acuerdos de Oslo, Cisjordania fue dividida en 3 áreas (A, B y C). En el área A, que comprende 18% del territorio, habita la gran mayoría de palestinos y se encuentra bajo control civil y policial de la Autoridad Palestina (AP). El área B abarca 22% y está bajo control civil de la AP, pero comparte la función de seguridad con Israel. El 60% restante recae en un control total de Israel en sectores clave como la seguridad, el planeamiento y la construcción.[6] Sin embargo, que no cuente oficialmente con el control de la totalidad del territorio, no impide que, a menudo, realice incursiones en las áreas A y B, y decida unilateralmente la prohibición del ingreso de palestinos a Israel durante ciertos periodos, generalmente de corta duración.

Pero, aunque la inacción de la comunidad internacional y su falta de disposición para forzar a Israel a cumplir con sus obligaciones internacionales sean manifiestos, de ninguna manera significa que se consienta explícitamente la política de asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Oriental. Por ejemplo, a finales del año pasado, el Consejo de Seguridad aprobó la resolución 2334, con la abstención de Estados Unidos, que condenaba:

todas las medidas orientadas a alterar la composición demográfica, las características y el estatus del territorio palestino ocupado desde 1967, incluido Jerusalén Este, incluido, entre otras cosas, la construcción y expansión de asentamientos, transferencia de población israelí, confiscación de tierra, demolición de casas y desplazamiento de civiles palestinos, en violación del derecho internacional humanitario y resoluciones relevantes…[7]

Asimismo, no correspondería a la situación real del TPO si se dijera que dichos asentamientos solamente ocupan un 2%. Mediante medidas como la declaración de terrenos estatales para uso exclusivo de la población israelí que habita los asentamientos, de zonas restringidas para uso militar, o de zonas intangibles debido a su importancia cultural o natural, Israel se ha apropiado de buena parte del área C, que al mismo tiempo, comprende más de la mitad de Cisjordania. Es así que la ocupación no se limita a la construcción de edificaciones en los asentamientos, cuya jurisdicción suele ocupar un área mayor que las zonas urbanizadas, sino al sistemático despojo de la propiedad privada de palestinos, y la destrucción de sus casas y edificios, alegando que no cuentan con el permiso de la autoridad competente, cuando diversos testimonios dan cuenta del rechazo general a expedirlos.

Un documento del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas preparado a inicios del presente año señala que más de un tercio del área C está formalmente designado como terreno estatal. Asimismo, indica que las tierras han sido asignadas a 24 consejos regionales o locales, que abarcan 126 asentamientos en aproximadamente 63% del área C, los cuales típicamente incluyen, además de las edificaciones, cultivos, zonas industriales, parques, carreteras y perímetros o “zonas de amortiguamiento” (zonas de seguridad). Por lo tanto, sostiene de forma enfática, esto resulta en una presencia que claramente excede la superficie plenamente urbanizada, que solo cubre 2% del área C.[8]

Ante tan inexactos comentarios, incluso el Departamento de Estado tuvo que salir al frente a apaciguar los ánimos y aclarar que estos no suponían un curso de acción y que no debían afectar las conversiones mantenidas con israelíes y palestinos. Esto lleva, en realidad, a una confusión que parece impregnar casi toda la política exterior y doméstica de esta administración, pues sería válido presumir que un embajador expresa las posiciones oficiales del Estado al que representa, pero, por supuesto, esto también es materia de incertidumbre y preocupación para los gobiernos que parecen no saber a qué atenerse en sus relaciones con la primera potencia mundial.

Por consiguiente, si Donald Trump pretende siquiera dar la apariencia de que se encuentra trabajando seriamente para alcanzar un acuerdo entre ambas partes y lograr, de esta forma, la tan “ansiada paz en Medio Oriente”, quizás sería recomendable que empiece por evitar señales contradictorias y manifestaciones públicas perjudiciales para el objetivo que pretende conseguir. En consecuencia, en esa línea sinuosa y ambigua, dentro de su particular visión del mundo- y la de su equipo de gobierno-, se puede decir una cosa y luego otra, pero no todos poseemos su misma capacidad de comprensión y, ciertamente, tampoco su coeficiente intelectual.

[1] “Gov. Mike Huckabee’s Full Interview with President Trump”. TBN. Entrevista emitida el 7 de octubre de 2017. https://www.youtube.com/watch?v=hVQPVGPAUtc

[2] “Trump to UN Chief: Netanyahu Proving More Difficult Than Abbas in Peace Efforts”. En Haaretz. 6 de octubre de 2017. https://www.haaretz.com/us-news/1.815661

[3] “Amb. Friedman talks to JPost about peace, Syria and working for Trump”. En The Jerusalem Post. 1 de setiembre de 2017. http://www.jpost.com/Israel-News/Politics-And-Diplomacy/David-Friedman-tackles-everything-from-past-to-US-plans-for-peace-503940

[4] “Israel only occupies 2% of West Bank, says US ambassador”. En The Guardian. 28 de setiembre de 2017. https://www.theguardian.com/world/2017/sep/28/israel-occupies-small-fraction-of-west-bank-claims-us-ambassador. “U.S. ambassador breaks with policy: ‘I think the settlements are part of Israel”. En The Washington Post. 29 de setiembre de 2017. https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/09/29/u-s-ambassador-breaks-with-policy-i-think-the-settlements-are-part-of-israel/?utm_term=.9920af31ee0e

[5] Resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 22 de noviembre de 1967. http://www.securitycouncilreport.org/atf/cf/%7B65BFCF9B-6D27-4E9C-8CD3-CF6E4FF96FF9%7D/IP%20S%20RES%20242.pdf

[6] “Maps: The occupation of the West Bank”. En Al Jazeera. 4 de Julio de 2014. http://america.aljazeera.com/multimedia/2014/7/west-bank-security.html

[7] Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del 23 de diciembre de 2016. http://www.securitycouncilreport.org/atf/cf/%7B65BFCF9B-6D27-4E9C-8CD3-CF6E4FF96FF9%7D/SRES2334.pdf

[8] “Israeli settlements in the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, and the occupied Syrian Golan”. Human Rights Council. Thirty-fourth session. 27 February-24 March 2017. Agenda items 2 and 7. Annual report of the United Nations High Commissioner for Human Rights and reports of the Office of the High Commissioner and the Secretary-General.

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