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El Estado debe tomar medidas tributarias adicionales en el contexto del COVID-19

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Nunca es fácil prepararse para una crisis. Los líderes empresariales diseñan planes de contingencia junto a sus equipos e intentan prever situaciones adversas; pero nada nos preparó para una pandemia.

La crisis sanitaria nos ha dejado expuestos y hoy en día somos mucho más conscientes de las vulnerabilidades de nuestras organizaciones y sociedad. A pesar de las estrictas medidas dictadas por el gobierno, la enfermedad se ha seguido abriendo paso y ha afectado tanto la salud de los peruanos como nuestra economía.

Como consecuencia de la pandemia por el COVID-19, el gobierno peruano ha dictado una serie de medidas tributarias, entre otras, la prórroga de los plazos para las presentaciones de las declaraciones juradas anuales o mensuales del impuesto a la renta, aunque, lamentablemente, solo para empresas con ingresos menores a 21 millones de soles; facilidades de pago de las cuotas de los fraccionamientos vigentes, siempre que luego estas se paguen con intereses por la tardanza; o la posibilidad de retirar los fondos de las cuentas de detracciones 10 días antes de la fecha oficial.

Adicionalmente, el Ejecutivo ha dictado normas con rango de ley que permitirán la depreciación acelerada de ciertos activos; la extensión por un año del plazo de aplicación de las pérdidas tributarias generadas en 2020; la creación de un método alternativo para la determinación de los pagos a cuenta; entre otras destinadas a facilitar la liquidez de las empresas y evitar que se interrumpa la cadena de pagos, pero que aún siguen siendo insuficientes.

Por otro lado, el presidente ha adelantado que se crearía un impuesto basado en la solidaridad, de cuyo detalle no tenemos mucha información De tomarse esta medida, a mi juicio criticable, solo se alargaría la recesión que ya vivimos, puesto que es bien sabido y constatado en un sinfín de experiencias previas (entre otras, Argentina en 2001), que imponer un impuesto en épocas de recesión, solo alarga más la recesión.

Sin perjuicio de ello, existen otras medidas mucho más efectivas que podrían tener un impacto relevante para las empresas, con un costo razonable para el Estado. Por ejemplo, permitir el pago diferido del impuesto a la renta 2020, así como del IGV, total o parcialmente, sin cobrar intereses.

Por otro lado, la suspensión para 2020 de las limitaciones a la deducción de intereses (subcapitalización), es importante en una coyuntura en que las empresas van a requerir endeudarse, y sus patrimonios y EBITDA (bases de cálculo para esos límites) se van a ver golpeados. Del mismo modo, el contexto de crisis hace necesario flexibilizar la liberación de los fondos del SPOT para que el monto no utilizado para pagar impuestos en un mes pueda ser recuperado por la empresa inmediatamente, dado que, de lo contrario, se atrapa la caja.

A estas medidas podríamos sumar, aunque estamos tarde porque ya se declaró, aún podría darse la suspensión/derogación para 2020 del pago de las cuotas no pagadas a la fecha del impuesto temporal a los activos netos o ITAN (Impuesto Temporal a los Activos Netos), que no es otra cosa que un anticipo del impuesto a la renta (IR); disponer la devolución automática de los saldos del IR; y suspender/derogar para el 2020 la condición de no supeditar la deducción de un gasto a su pago, considerando este contexto en que las empresas probablemente tengan que diferir algunos pagos.

Finalmente, es importante recordar que toda crisis trae oportunidades. Creo firmemente que las medidas tributarias que se impongan hoy deberían estar no solo orientadas al corto plazo, aliviando la carga que ha generado este virus a nuestra economía, sino también debería tener una orientación a mediano plazo, con la formalización de nuestro país como prioridad. La pandemia no solo ha demostrado lo deficiente que es nuestro sistema de salud, sino que el Perú somos todos; y que el Estado, en caso de un desastre como este, debe proteger a todos sus ciudadanos, y para ello todos debemos contribuir de acuerdo con nuestra capacidad y ello, sin formalización, es imposible de implementar.

Nota:

El «EBITDA» es uno de los indicadores financieros más conocidos, e imprescindible en cualquier análisis fundamental de una empresa. Sus siglas representan, en inglés, las ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation, and Amortization), o lo que es lo mismo, representa el beneficio bruto de explotación calculado antes de la deducibilidad de los gastos financieros.

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