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Dos pandemias de peso

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Hoy, 9 de septiembre del 2020, hemos oficialmente superado las 30 mil muertes por COVID-19 (C19). Y aunque es casi imposible para nuestra imaginación visualizar un número de esa magnitud, es vital que entendamos lo que representa tantas muertes, tantas familias en duelo, tantos sueños truncos. 30 mil fallecidos es imaginar el estadio Matute lleno de la vida, en un clásico final, para luego verlo vacío, sin un alma. Es imaginar un bus del metropolitano repleto de pasajeros en la Estación Central, ponerlo en fila junto a otros 186 buses igual de llenos, para formar un cortejo fúnebre de 3.3 km hasta la estación Canadá. 30 mil muertos en tan solo 6 meses sería equivalente a la mitad de las víctimas fatales en los 20 años de terrorismo[1]. Estas 30 mil personas, de los 32 millones de peruanos, nos ubican en el primer lugar de la mortalidad relativa[2] y contribuyen a que América Latina sea la región con más muertos del mundo. De hecho, entre los 15 países con mayor mortalidad son 8 los latinoamericanos[3].

Entender lo que está pasando no solo es interiorizar la magnitud de las muertes, es también entender las causas de esta alta mortalidad en nuestro país y en Latinoamérica, para luego elaborar una estrategia que permita corregir lo que nos ha llevado a esta situación.

El primer factor explicativo pasa por la precariedad de los sistemas de salud. Como podemos ver en el tablero[4], la situación pre-COVID del 2019, ubica a países como el nuestro, Bolivia o Colombia en una mala posición frente a una pandemia. Sin embargo, no es tan cierto en Brasil, México o Panamá. Y si esta variable fuera el principal factor del desastre ¿por qué no tienen una mayor mortalidad los otros 50 países peor clasificados que nosotros? ¿Por qué no vemos en la lista a países en desarrollo que cuentan con menos camas UCI o médicos por habitante que nosotros?

Algunos políticos justifican nuestra situación basándose en una supuesta transparencia de la información. En otras palabras, según ellos, Perú y América Latina mostrarían datos transparentes mientras que otros países carecen de la capacidad para contar adecuadamente las muertes por COVID o bien están gobernados por populistas que deciden esconden la verdad. Para que esto sea verdad, Perú debería tener una gran certeza estadística de muertes por COVID, lo que parece poco probable visto el entre muertes declaradas por esta enfermedad y el excedente de muerte con respecto a años anteriores[1]. Por otro lado, a nivel regional tampoco parece probable que los presidentes populistas e irresponsables de América Latina, como Bolsonaro, muestren cifras más transparentes que sus homólogos Putin en Rusia, Xi Jinping en China o Modi en India.

También hemos podido escuchar a algunos analistas explicando que nuestra desgracia ha sido causada por el invierno o por nuestra cultura del contacto. Científicamente no está demostrado que el verano debilite este coronavirus, sin embargo, la falta de ventilación y hacinamiento, provocados por el frío, si pudiesen ser un factor que aumente el contagio. Este argumento del invierno no tendría sentido al norte de Quito, ya que es verano, ni mucho menos en varios lugares de nuestro país en los que nunca hace realmente frío y ha habido muchas muertes. Tampoco justifica nuestra alta mortalidad con respecto a otros países en desarrollo ubicados en las mismas latitudes. Para terminar, aquellos que piensan que nuestra cultura del abrazo o de cercanía podría ser la causa, no ven que existen diferentes niveles de contacto relacional en los países latinoamericanos y que nuestro país no sería necesariamente en el que la gente se toque más para interactuar, abastecerse o transportarse. También es mal conocer las otras culturas del mundo, culturas en las que el contacto puede ser incluso más frecuente que en nuestro país. Por ejemplo, la antigua tradición que tienen los hombres de darse la mano para caminar y conversar en varios países africanos y asiáticos.

Entonces ¿por qué tantas muertes en América Latina con respecto al resto del mundo? ¿Por qué nuestra región es la más afectada?

Cuando observamos el detalle de los fallecidos, independientemente de variables etnográficas, vemos que el virus es más letal cuando ataca a dos grupos de personas en particular. Por un lado, a personas que no cuentan con un sistema inmunológico lo suficientemente robusto para defenderse, como los adultos mayores. Por otro lado, cuando la C19 se suma a otras enfermedades preexistentes que favorecen su desarrollo, fenómeno llamado comorbilidad, como la hipertensión, diabetes u obesidad. Parece entonces una evidencia que en un mundo que bate todos los récords históricos de longevidad -la esperanza de vida al nacer se ha duplicado en el último siglo- y de sobrepeso -la obesidad[2] adulta se ha triplicado en los últimos 50 años- no parece extraño que este coronavirus sea tan letal. Esa es nuestra gran paradoja contemporánea: hemos logrado extender la duración promedio de nuestras vidas, lo que parecería ser un gran indicador del progreso, y, al mismo tiempo, tenemos más muertos por sobre alimentación que por falta de alimento, lo que parecería ser un gran síntoma de nuestra decadencia. Esta paradoja nos ha llevado a tener la pandemia más mortal del siglo XXI: la del sobrepeso.

Si bien la COVID-19 ha causado casi 1 millón de muertes inesperadas en 9 meses, esta se apalanca en la preexistente pandemia del sobrepeso. Una pandemia perenne, más lenta y mortal, una que viene generando más de 4 millones de muertes al año[3] en todo el mundo, y que ha encontrado en Latinoamérica su epicentro.  Según las instituciones de la ONU a fines del 2019, América Latina era el peor ejemplo de esta enfermedad, teniendo un ¼ de la población obesa, más de la mitad con sobrepeso[4] y habiendo triplicado su número con respecto a los niveles de 1975.

El sobrepeso es, salvo excepciones patológicas, el resultado de un consumo calórico superior al necesario, y se vuelve una enfermedad cuando llega a ser crónico, excesivo y altera las células del organismo.  Este mal se encuentra presente con mayor proporción en algunos grupos sociales que varían en función de condiciones socioeconómicas y demográficas. En los países con menores ingresos, como algunos africanos y asiáticos, las personas que sufren de obesidad son en muchos casos las personas más pudientes, llegando incluso a asociar obesidad con felicidad y belleza. Por ejemplo, en Mauritania algunas personas llegan a consumir productos de engorde animal para ganar peso y sentirse más atractivas[5]. En la cultura occidental, como en Estados Unidos y Europa, son las personas con menores recursos que suelen concentrar los problemas de malnutrición. Como en muchos lugares de EEUU las personas con menos ingresos son afrodescendientes y latinos, algunos científicos pensaron que la COVID-19 podría atacar con mayor fuerza a estos grupos étnicos. Los estudios recientes demuestran que el factor étnico no es el problema, el problema viene de la comorbilidad y en particular de la obesidad[6]. Por nuestro lado, en América Latina, región que cuenta con muchos países de ingreso medio y que han venido creciendo económicamente en las últimas décadas, como Perú, encontramos que el sobrepeso se aglomera en la clase media urbana, clase que cada vez es más numerosa, clase que se ha sedentarizado y que consume cada vez más alimentos procesados altos en sodio, grasas y azúcares.

En nuestra región, y nuestro país en particular, nos encontramos en lo que los expertos llaman la transición alimentaria, transición que nos lleva a asociar “tener mayores ingresos” con “tener malos hábitos de vida”. Los males ocasionados por esta malnutrición no son tan evidentes ni mortales en el corto plazo como los del coronavirus, pero nos exponen a otras enfermedades que si lo son. Si nuestro país es el país con mayor mortalidad por COVID y el 85% de estas muertes corresponden a personas con obesidad, es evidente que tenemos 2 problemas de peso. Vamos a parar la COVID-19, y terminaremos con esta pandemia que ha causado tantas muertes y que ha congelado las economías, pero también tenemos que terminar la pandemia del sobrepeso. Pandemia que se alimenta de los malos hábitos de las economías del consumo, que van a representar un gran gasto social y poner de nuevo en dificultad a nuestro débil sistema de salud. Por todas estas razones, en un siguiente artículo analizaremos algunas políticas públicas que tenemos que emprender hoy, con responsabilidad y con la esperanza de tener resultados en los próximos 30 años, de modo a que esta pandemia, estos muertos, hayan sido por lo menos una forma de develar la otra pandemia que nos ataca.

[1] https://ourworldindata.org/excess-mortality-covid

[2] Se habla de obesidad cuando la persona tiene un IMC superior a 30

[3] Según la OMS

[4] https://news.un.org/es/story/2019/11/1465321

[5] https://www.abc.es/sociedad/abci-gordos-cultura-belleza-201112230000_noticia.html

[6] https://www.nature.com/articles/s41366-020-0635-2

[1] Según informe de la Comisión de la Verdad http://www.cverdad.org.pe/ifinal/conclusiones.php

[2] Muertes por COVID por cada 100 mil habitantes

[3] Esto dejando de lado las Ciudades-Estado https://coronavirus.jhu.edu/data/mortality

[4] Estimaciones realizadas a partir de fuentes oficiales y periodísticas verificadas con datos desde agosto 2020

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