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Dos pandemias de peso: somos lo que comemos

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Nada se crea, nada se destruye, todo se transforma[1]” en el ciclo de la vida, en el ambiente e incluso en nuestros cuerpos. En otras palabras, somos la reencarnación, la síntesis de todo lo que respiramos, tomamos y comemos. Y si bien en demasiados lugares del Perú tenemos problemas de contaminación del aire, de falta o calidad del agua, nuestra mala alimentación se ha convertido en un problema generalizado. Por un lado, un grupo de peruanos tiene carencias nutricionales que pueden generan problemas como la anemia, por otro lado, tenemos una sobrenutrición que se ha convertido en la epidemia más mortal del siglo XXI, la epidemia del sobrepeso y obesidad[2]. Hemos confundido el “buen comer”, que sería aprovechar de forma balanceada y medida nuestra diversidad culinaria, con el comer “taipá”, el comer desmesuradamente y en todo momento, simplemente el mal comer.

Si analizamos nuestro estilo de vida, principalmente en las ciudades, vemos que consumimos muchas más calorías de las que necesitamos para la actividad física que realizamos. A la vez, la falta de tiempo y flojera nos está llevando a ingerir cada vez más alimentos procesados, infestados de disruptores endocrinos[3], altos en sal, grasas y azúcares. Este cambio en nuestro estilo de vida se ha acentuado en las últimas décadas para marcar lo que los nutricionistas llaman la “transición alimentaria”. Esta transición consiste en pasar de ser un país de bajo consumo calórico por habitante (como los países en vías de desarrollo) a ser un país de ingreso medio, mayoritariamente urbano (80% de los peruanos), con una clase media normalizada (45% de la población), con peruanos que le dedicamos menos tiempo a la cocina, a la actividad física regular y consumimos muchas calorías innecesarias. Esta mezcla de ingredientes nos ha llevado a tener 70% de la población adulta con obesidad o sobrepeso[4].

Dentro de una perspectiva puramente económica, y tomando como marco referencial lo que pasa en los países de la OCDE, este sobrepeso puede representar un gasto en salud equivalente al 8% del PBI y limitar la productividad disminuyendo el crecimiento en un 3.3% del PBI[5]. Dentro de una perspectiva de bienestar humano, nos estamos condenando a tener un gran número de enfermos sin tener un sistema de salud adecuado para recibirlos. El sobrepeso que inicia en la adolescencia puede desencadenar, generalmente a partir de los 40 años, enfermedades muy duras de tratar como la diabetes, osteoporosis, diferentes tipos de cáncer o enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, tenemos que saber que la obesidad ya es una enfermedad crónica, recurrente y progresiva que altera el tejido adiposo[6]. Un 18% de las personas mayores de 15 años en nuestro país son obesas lo que nos ubica en el 3.er lugar de América Latina después de México y Chile[7]. Como vemos la situación es grave, al punto que el 85% de los muertos por Covid-19 son personas con obesidad, y mientras que Chile y México ya han tomado medidas ejemplares, nosotros recién estamos dando algunos pasos para resolver este drama nacional.

Como siempre, cuando tenemos que combatir este tipo de malos hábitos arraigados en nuestra cultura, es necesario tener políticas públicas con objetivos de corto, mediano y largo plazo. En el caso de esta pandemia de sobrepeso tenemos que establecer estrategias de educación física y alimentaría, así como normas legislativas restrictivas durante una etapa de adaptación. Lo que hemos observado es que luego de cinco años de pelea entre los industriales representados por sus operadores congresales y el MINSA, al fin pudimos sacar una ley de Promoción de la Alimentación Saludable. Nuestra ley se inspira en el caso chileno, pero todavía tenemos mucho por hacer si queremos llegar a tener normas tan efectivas como las de nuestro vecino del sur:

  • El sistema de información nutricional simple en los alimentos: Tenemos los octógonos negros como en Chile, pero no hemos hecho la publicidad necesaria asociada a ellos. En Chile este sistema vino acompañado de una comunicación efectiva que redujo entre el 14 y 25% el consumo de estos productos en seis meses[8] mientras que en nuestro país la caída osciló entre el 4 y el 11%[9]. Sin esta reducción en la demanda, los agroindustriales no tienen un estímulo suficiente para cambiar sus modos de producción. Todos los productos homogéneos terminan teniendo las mismas alertas octogonales y por ende los consumidores no las toman en cuenta al momento de comprar. En este sentido podríamos evolucionar a tener un semáforo de 5 niveles que ha demostrado ser muy eficiente (como el Nutri-Score 5C[10] y no como el sistema complejo propuesto por el congreso anterior para retrasar la implementación de la ley) y un APP pública con información más completa (aunque esto dependa de la masificación del uso de smartphones).
  • Regular la publicidad en función de la calidad nutritiva: En nuestra ley solamente prohibimos la publicidad que expone “argumentos o técnicas que exploten la ingenuidad de los niños” mientras que en Chile se ha prohibido la publicidad durante programas enfocados a la niñez. Por otro lado, el lobby de las empresas de alimentos procesados y la mala legislación sobre el tema están llevando a Indecopi a retirar los octógonos de algunos medios publicitarios audiovisuales.
  • Impuestos y subvenciones: En este tema tenemos algunos avances. Por ejemplo, en Chile se aumentó el impuesto a las bebidas azucaradas de 13 a 18% (con lo que bajó el consumo en 21%). En nuestro país hemos definido en 25% el ISC para las bebidas muy azucaradas y en 17% para las azucaradas, lo que ha llevado a varios productores a bajar el nivel de azúcar en las bebidas que producen. Esto también es necesario hacerlo en los productos altos en sodio, grasas y otros alimentos ultraprocesados o comida chatarra. Algunos economistas piensan que esto podría ser una mala medida en tiempos de reactivación económica, pero también es un incentivo para una reorientación productiva y de consumo.
  • Acceso al agua potable en instituciones públicas y deportivas: Si las personas que practican una actividad física tuvieran acceso gratuito a agua potable tendrían menos estímulo para adquirir bebidas envasadas, que en muchos casos son azucaradas. Esto implica reducir la brecha en infraestructura en las entidades educativas del país, así como legislar para obligar a los centros deportivos públicos y privados para que tengan un acceso gratuito a agua potable.
  • Prohibir alimentos nocivos en instituciones educativas: Desde marzo 2019 está prohibida la venta de comida chatarra en los colegios según la ley del MINSA.

Como podemos ver, hemos tenido varios avances en políticas de nutrición infantil, pero queda mucho por hacer en publicidad y en hábitos alimenticios de la población adulta. Si no logramos tener un efecto en esta población rápidamente, implementando restricciones y una comunicación efectiva, tendremos un grave problema de salud pública en los próximos 20 años.  Estas medidas no tienen que estigmatizar a las poblaciones con sobrepeso, tenemos que ver esto como un problema colectivo de carácter físico y psicológico. El cambio de comportamiento, sobre todo cuando el cuerpo está enfermo, intoxicado, acostumbrado a una mala nutrición, es algo muy complejo. Lo podemos ver en la dependencia que existe en el consumo de azúcar, que puede ser mayor que la dependencia a la cocaína[11], y que una vez que la persona la logra superar, puede conllevar a episodios de depresión y cansancio crónico. También sabemos que existen productos agroindustriales diseñados para generar dependencias en nuestro metabolismo, como los Doritos[12] o las bebidas azucaradas de dieta. Por todas estas razones es necesario acompañar a nuestra población con sobrepeso.

Somos lo que comemos por lo que si comemos bien podemos estar bien, enfermarnos menos[13], sentirnos mejor y disfrutar más la vida. Sin embargo, esto no es suficiente, necesitamos equilibrar nuestro cuerpo entre la correcta dosis de insumos de calidad y el adecuado ejercicio físico constante. Nuestro diseño evolutivo de nómade ha preparado nuestros cuerpos para hacer grandes caminatas, ejercitarnos todos los días y vivir al exterior. Mantenernos encerrados, anclados a una silla, inertes sólo va a terminar por oxidar nuestra maquina orgánica. Por estas razones, en un siguiente articulo detallaremos políticas necesarias para promover la actividad física, políticas tan importantes como las nutricionales e indispensables para acabar con esta gran pandemia.

[1] No es una canción de Drexler, es una cita apócrifa de Antoine de Lavoisier (siglo XXVII) que retoma un concepto de Anaxágoras (siglo -V)

[2] Ver primer artículo sobre las pandemias: https://rumboeconomico.com/2020/09/16/dos-pandemias-de-peso/.

[3] Son sustancias químicas, ajena al cuerpo humano, que afectan el equilibrio hormonal. Pueden estar presentes en alimentos y productos diarios causando múltiples efectos negativos en el desarrollo y la salud de las personas.

[4] Según el Instituto Nacional de Salud (INS) en el 2019 para adultos de 30 a 59 años https://web.ins.gob.pe/es/prensa/noticia/cerca-del-70-de-adultos-peruanos-padecen-de-obesidad-y-sobrepeso

[5] https://www.oecd-ilibrary.org/docserver/67450d67-en.pdf?expires=1602598823&id=id&accname=guest&checksum=734D8A7E93E487F7B0D5311AFB66C988

[6] Se considera una enfermedad, según instituciones como la Asociación Médica Americana, ya que altera el metabolismo y el equilibrio hormonal de forma negativa.

[7] https://observateperu.ins.gob.pe/noticias/272-peru-es-el-tercer-pais-de-la-region-en-obesidad-y-sobrepeso

[8] https://elcomercio.pe/tecnologia/ciencias/octogonos-advertencia-experiencia-chile-etiquetas-alimentos-procesados-noticia-581259-noticia/

[9] https://larepublica.pe/economia/2020/03/10/octogonos-determinaron-habitos-de-consumo-el-2019/

[10] https://www.dietacoherente.com/nutriscore-la-nueva-forma-de-etiquetar-los-alimentos/

[11] https://www.theguardian.com/society/2017/aug/25/is-sugar-really-as-addictive-as-cocaine-scientists-row-over-effect-on-body-and-brain

[12] https://nypost.com/2013/10/03/why-doritos-are-as-addictive-as-crack/

[13] ¼ de los cánceres detectados frecuentemente podrían evitarse gracias a una alimentación sana.

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