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Agro competitivo o estado destructivo

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Por: Jorge Lazo Zúñiga MBA, Ing.

  1. Introducción

En el Perú, el pleno del Congreso aprobó una nueva ley agraria, con 58 votos a favor, que establece una bonificación especial para los trabajadores agrícolas. Ley con la que ni los agricultores ni los trabajadores agrícolas parecieran estar de acuerdo, provocando esta polarización de opiniones en la que el Legislativo ni el Ejecutivo parecieran tener una visión clara del desarrollo del agro nacional. Por un lado, se siente que el Congreso (Legislativo) ha puesto su mirada sancionadora sobre 200 mil hectáreas dedicadas a la agroexportación (4.8 % del área agrícola nacional) y que logran una rentabilidad razonable; pero qué sucede con el otro 95.2 % representado por 4.17 millones de hectáreas en producción, que no necesariamente logran rentabilidad, ejemplo de ello las 360 mil hectáreas de papa que no fueron rentables en el año 2020. Claro, algunos postulan que la importación de papa es la culpable de tremenda desgracia (las importaciones representan 1 a 2 % de la producción nacional), pero nadie dice que en el Perú se siembra aproximadamente 250 hectáreas por día adicionales a las requeridas para satisfacer la demanda interna, debido a la falta de difusión de estadística de siembra y zonificación productora, entre otras razones. En la campaña del 2020 se incrementó el área papera en 21% respecto al 2019, demás esta decir que el mercado interno no crece ni remotamente a ese ritmo.

Está claro que para desarrollar las 4.17 millones de hectáreas del agro nacional, se requiere contar con ventajas competitivas que permitan lograr la anhelada prosperidad de los agricultores y de los trabajadores agrícolas. Para que las empresas agrícolas (EA) logren un crecimiento sostenido en el largo plazo, tienen que ganar participación en el mercado nacional e internacional en función a la calidad y el precio. Las ventajas competitivas que la nación promueva, permitirán una renta per cápita alta, y las EA necesitarán contar con capital humano calificado que satisfagan sus necesidades. La FAO en el año 2017 encontró que, en los países en desarrollo, la mano de obra requerida para la producción de una hectárea puede representar entre el 30 y 70 % de los costos directos de producción, en el Perú, en promedio, representa el 60 %, conforme se puede apreciar en el Gráfico N° 01. También se debe contar con buena infraestructura económica, leyes que fomenten la competencia, incentivos para el comercio internacional, centros de investigación especializados que investiguen lo que las EA requieren de acuerdo al mercado, y de las ventajas competitivas del país. El principal producto de investigación del INIA en el Perú es el arroz, commodity en el que no se cuenta con ventajas competitivas, razón de más para que el Estado promueva políticas proactivas.

Para desarrollar las ventajas competitivas por parte de las empresas agrícolas, el Estado juega un papel sumamente importante. ¿La ley aprobada permite generar estas ventajas? En el presente artículo pretendo explicar las razones técnicas del porqué la ley aprobada no promueve ventajas competitivas, sino solo ventajas comparativas.

  1. Análisis de las teorías de las ventajas comparativas y competitivas 
  • Ventajas comparativas

El mercantilismo o bullionismo de España en el siglo XV consistía en actividades exportadoras y acumulación de metales preciosos, mientras que Francia e Inglaterra practicaron el mercantilismo comercial, se debía exportar más de lo que se importaba. El problema del mercantilismo en sus dos formas, es que era un juego de suma cero (la riqueza de un país era proporcionada por la pobreza de otro). Sin embargo, en 1776 Adam Smith consideró al comercio un juego de suma positiva, todos los países pueden beneficiarse, la riqueza puede crecer y variar, y donde la intervención gubernamental no debería perturbar el libre juego de oferta y demanda (mano invisible). Considero que la división del trabajo hace a las empresas más productivas por medio de la especialización. Cho y Moon, 2000, tomando la teoría de Smith, expusieron la teoría de la Ventaja Absoluta, que sostiene que cada país se debe especializar en producir en lo que tiene ventaja, siendo es absurdo producir lo que se puede conseguir en menores precios en otro país (arroz, azúcar, etc.).

En el siglo XIX, David Ricardo perfecciona la teoría de Smith, y expone que los países se benefician con el comercio si se especializan en producir bienes o servicios en los que sus costos comparativos son menores. Conocida esta teoría como de la Ventaja Comparativa, sin embargo, está basada en el trabajo como único factor de competitividad en la producción.

En el siglo XX, Heckscher y Ohlin desarrollaron el Modelo de la Dotación de los factores, que toma en cuenta a la tierra, el trabajo (mano de obra), y el capital como factores de producción, por lo que un país tendrá ventaja comparativa y exportará, cuando en la producción se es intensivo en el factor con el que está bien dotado (cuanto más abundante sea un factor, menor será el costo).

Como vemos hasta aquí, el éxito de las naciones se atribuía a la consecuencia natural de dotación de factores productivos (recursos naturales, trabajo y capital), y su especialización por el uso intensivo de uno o más factores (ventajas comparativas tradicionales).

  • Ventajas competitivas

Porter, 1990, sostiene que el uso de los factores de producción fue oscurecido por la globalización y desarrollo tecnológico, por lo que desarrolla la teoría de la competitividad basada en las causas de la productividad. Expone que la prosperidad no se hereda, si no que es creada por las oportunidades que brinda un país a sus empresas.

Para Porter, la empresa es la única responsable de crear ventajas competitivas y puede mantenerlas por la mejora continua (se renueva o muere). Los competidores sobrepasarán a cualquier empresa que deje de mejorar e innovar; las naciones triunfan en determinados sectores debido a que el entorno nacional es el más progresivo, dinámico y estimulante, lo que se logra, según Porter, mediante cuatro factores competitivos (Modelo del diamante).

  • Condiciones de los factores productivos. – Creación de factores especializados, como por ejemplo mano de obra especializada, infraestructura, como sistema de riego, y condiciones seguras de inversión, porque la dotación de factores naturales no es lo más importante, sino la capacidad de cómo se procesan estos para realizar una productividad más eficiente. Tener abundante mano de obra, agua, tierra, etc. no representa una ventaja, más importante es tener centros de investigación especializados para innovar, desarrollar, asimilar y aplicación de conocimientos, porque son más difíciles de imitar.
  • Condiciones de la demanda. – El mercado interno tienen un efecto sobre cómo las empresas perciben, interpretan y responden a las necesidades de los clientes; en otras palabras, la demanda interna ayuda a crear ventajas competitivas, Si el consumidor es exigente e informado, ejerce presión sobre las empresas, obligándolas a mejorar constantemente su competitividad.
  • Sectores afines. – La disponibilidad de proveedores nacionales competitivos internacionalmente, permite el acceso oportuno y eficaz de los principales insumos. La relación permite intercambio de información que promueven ideas innovativas.
  • Estrategia, estructura y rivalidad de las empresas. – Las condiciones nacionales influyen fuertemente en el modo en que se crean, organizan y gestionan las empresas, por lo que la competencia entre rivales nacionales estimula la creación y mejores ventajas competitivas, que impulsan a la empresa a innovar y mejorar. Las empresas se obligan a reducir los costos, mejorar la calidad.

Una nación competitiva es capaz de utilizar eficientemente sus recursos, lo que le permitirá alcanzar altos niveles de productividad, proporcionando un mejor nivel de vida a su población, pero corresponde a las empresas mantener altos niveles de productividad mediante la innovación.

  1. Prosperidad y crecimiento de una economía competitiva

La medición de la competitividad, publicada por el Foro Económico Mundial (WEF en inglés), a través del Índice global de Competitividad (IGC), define los niveles de prosperidad y crecimiento que determinan las etapas de desarrollo de las naciones, los que resumiremos a continuación:

  • Las economías de los países pueden ser impulsadas por la dotación de factores productivos (ventajas comparativas), y los países compiten en base a ellos, principalmente en mano de obra no calificada y recursos naturales (tierra y agua), las empresas compiten sobre venta de materia prima y precio, en otras palabras, su baja productividad se refleja en bajos salarios.
  • Cuando las economías son impulsadas por la eficiencia, la competitividad es impulsada por la educación superior, la eficiencia y el funcionamiento de los mercados de trabajo y de bienes, mercados financieros y del mercado interno y extranjero a través del uso de la tecnología existente, haciendo que la productividad se incremente, y como consecuencia se incrementen los salarios.
  • Cuando las economías invierten en ciencia y tecnología, en educación y especialización, junto a los demás factores, las empresas compiten con las mejores del mundo con productos de buena calidad e intensivos en tecnología, la que mantienen mediante la innovación. Si la economía es impulsada por la innovación, los salarios y las condiciones de vida de la población son elevados.

Los países que transitan de una etapa en la que dependen totalmente de su dotación de factores de producción, a otras donde su economía va siendo impulsada por la eficiencia y la innovación, ello se verá reflejado en prosperidad y crecimiento, por lo tanto, son los países más competitivos a nivel mundial.

  1. Competencia y competitividad de las naciones

La competencia consiste en la actuación de dos o más agentes en la búsqueda de un mismo fin; la competitividad es la participación adecuada en el mercado por el precio o la calidad del producto, y ser capaz de obtener y conservar una ventaja comparativa. La competitividad se ve estimulada a ser mejor, vía la mejora en los procesos productivos, interiorizando tecnología, conocimientos y capital humano especializado. No debemos olvidar que los mercados se han modificado, abriéndose oportunidades de crecimiento, pero también una mayor competencia; los países que tengan las empresas mejor preparadas son los que obtendrán mayores ganancias.

Si se toma en cuenta que la dotación de factores, indicadores macroeconómicos y otros, solo proporcionan ventajas efímeras, lo que se debe buscar es mantener las ventajas en el largo plazo en un contexto sano y constante que permite crear oportunidades de riqueza. Por lo que la prosperidad de una nación tiene que ver con la productividad con la que utiliza sus recursos, la productividad es el elemento principal de la ventaja competitiva de una nación.

Por lo que la ventaja competitiva es el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país. (WEF, 2010:4). Una nación proporcionará buen nivel de vida a sus habitantes cuando sus empresas logren altos niveles de productividad (no importa cuantos recursos posea, sino como los utiliza), por lo que las oportunidades que brinde un país al sector privado para desarrollarse, crear y mantener estas ventajas comparativas en función de la productividad, es fundamental.

En los países pobres la productividad representa un 43% del bien o servicio y los factores de producción 57%; en un país rico el 58 % del bien o servicio es representado por la productividad y 42% por la acumulación de factores de producción.

  1. El Estado y las ventajas competitivas

Una variable muy importante es el papel que desempeña el Estado en la competitividad de los países. Según Porter (1999) el Estado no puede crear sectores competitivos, solo lo hacen las empresas mediante la innovación, por lo que el Estado debe actuar como catalizador y estimulador de la competitividad, debe intervenir mediante políticas públicas que fortalezcan los sectores competitivos, que permita a las empresas desarrollar, crear y mantener ventajas competitivas de largo plazo, por lo que al proporcionar el marco institucional,  las empresas, los individuos y el gobierno, generarán riqueza en la economía. La burocracia, el reglamentarismo, la corrupción, falta de transparencia y dependencia política del poder judicial, imponen costos a las empresas y retrasa la creación de ventajas competitivas (WEF, 2014:4).

En el Gráfico N° 02 se puede apreciar cómo los países catalizaron y estimularon la competitividad, y se preocuparon en mejorar la productividad de su agricultura en su conjunto. Los casos más notorios en el mundo son España, Israel, Italia y Chile que incrementaron su productividad nacional entre un 70 % y un 95 %, entre los años 1961 y el 2018; sin embargo, la productividad en el agro peruano decreció en el mismo periodo en un 19 %. Esta es la razón del porqué el Estado tiene que ver el todo en su conjunto y no una parte. No hay duda que las 200 mil hectáreas de la agroexportación peruana están a nivel de los países más avanzados en agricultura, pero eso es solo una parte; el todo, que corresponde a las 4.17 millones de hectáreas, se encuentra en promedio, produciendo menos que en el año 1961, y esto acontece bajo la mirada apática del Estado peruano.

Gráfico 02. Incremento de la productividad agrícola de algunos países entre los años 1961 y 2018

Lo fundamental es aumentar la productividad de los factores de una nación mediante el desarrollo de tecnologías, productos de vanguardia, y procesos que permitan mantener la ventaja competitiva. La experiencia mundial muestra que los países en los que su sociedad asimila y genera conocimientos, y transforma bienes materiales en otros de mayor valor, se desarrollan más.

Los países serán más competitivos si tienen un alto componente tecnológico y su economía no se basa en la dependencia de los recursos naturales.

  1. La Ley del agro promulgada, ¿promueve la competitividad nacional?

En Sudamérica existen tres grupos de países tratando de ser competitivos en sus sistemas productivos agrícolas. Perú, Colombia y Chile se encuentran en el grupo de los medianos y de fuerte competencia entre sí, este grupo no es afectado por el grupo de los pequeños como Ecuador, Uruguay, Paraguay y Bolivia, y tampoco afectan a los denominado grandes como Brasil y Argentina. La Ley agraria promulgada por el Ejecutivo, a propuesta del Legislativo, no promueve la competitividad y por ende el incremento de la productividad en el agro nacional, debido a las siguientes razones:

  1. Es claro que las ventajas comparativas que antecedieron a las ventajas competitivas, dependían de la dotación de factores heredados como recursos naturales, recursos humanos (mano de obra no calificada), capital, economía de escala o variable macroeconómica. La Ley promulgada solo promueve al recurso humano, como mano de obra no calificada (incremento de salario y nada más), y no promueve la competitividad por medio de la especialización de mano de obra calificada, aspecto que Chile y Colombia promueven fuertemente, y que permitiría a las empresas ser más productivas. En Israel el salario es impulsado por la especialización de la mano de obra, mientras que, en el Perú, al promover mano de obra no calificada, solo se compensa a los más ineficientes a costa de los eficientes y especializados.
  2. La prosperidad del agro nacional estará determinada por el fomento de la competitividad, que tiene como elemento principal a la productividad, única variable sistémica de largo plazo, por lo que el Estado debe proporcionar un ambiente propicio que permita la creación de ventajas competitivas. Al haber derogado una Ley que promovía la Competitividad, y que seguramente tenía que ser mejorada, se ha causado inestabilidad a la inversión agrícola, cuyas consecuencias se sentirán en tres o cuatro años, con el decrecimiento de las exportaciones, el empobrecimiento del agro, y con ello el de la mano de obra no especializada promovida o favorecida por la ley. La productividad agrícola promedio del Perú en el año 1961, de acuerdo a la FAO, era de 12 t/ha; en el 2018 fue de 10 t/ha; Israel en 1961 tenía una productividad de 10.48 t/ha; en el año 2018 era de 19 t/ha. Con la nueva ley, que solo promueve el uso de ventajas comparativas, ciertamente necesitaremos de 100 años para alcanzar la productividad de Israel, cuyo Estado promueve las ventajas competitivas.
  3. Cuanto más competitivo se vuelve un país, más avanzará a etapas progresivas de desarrollo, desde una economía impulsada por factores productivos hasta una impulsada por la innovación, El Estado solo ha volcado su mirada hacia las 200 mil hectáreas de la agroexportación que sí son competitivas, mientras no contempla los 4.17 millones de hectáreas, casi todas no competitivas e impulsadas por factores productivos, y no impulsadas por la innovación. Es evidente que la mejora temporal de los ingresos de los trabajadores del campo solo proporcionará una ventaja efímera a la mano de obra, mientras que en el mediano plazo sus ingresos se verán seriamente afectados, y ello porque el Estado no promueve la innovación vía la especialización. Tener altos niveles de productividad permite elevar los salarios mejorándose las condiciones de vida de la población.

Con la ley promulgada para el agro nacional, de evidente miopía internacional, sustentada en las ventajas comparativas previas al siglo XIX, los competidores del Perú se estarán preparando para aprovechar todas las ventajas competitivas que puedan implementar. Con esta ley el agro peruano ha retrocedido al tiempo de la carreta. 

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