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Pandemia: Lecciones no aprendidas

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Hace unos días el gobierno anunció nuevas medidas para hacer frente a la segunda ola de contagios por la COVID-19. Estableciendo un confinamiento estricto por quince días en 10 regiones del país, que en conjunto representan casi 70% de la economía peruana. El objetivo del mismo es evitar la propagación del contagio. Es positiva la focalización de las restricciones por regiones, pero también se han cometido errores garrafales que reflejan lo poco que ha aprendido acerca del terrible manejo de la crisis sanitaria y el duro golpe a la economía el año pasado.

Una de las lecciones no aprendidas se refiere a las restricciones horarias para adquirir productos de primera necesidad. Esto solo genera más aglomeración y, por ende, más contagios. Mientras en otros países, como México los supermercados abren las 24 horas del día, aquí se acortan las ventanas horarias. Parece que no recordamos lo perjudiciales que fueron las restricciones horarias de Semana Santa del año pasado, que llenaron las portadas de diarios de fotos de colas interminables los días previos y posteriores en supermercados y mercados, y que solo gatillaron los contagios. A ello se suma el error de la prohibición de autos particulares y la poca claridad sobre el uso de aplicativos de transporte, ya que significa que las personas deben movilizarse en un transporte público ya tugurizado o salir más veces en la semana.

Asimismo, el uso de las herramientas digitales como aliadas para enfrentar la pandemia y brindar alternativas a los negocios para no golpear más la economía, así como proveer soluciones a las personas para evitar que salgan de casa. Si bien ahora el comercio electrónico y el delivery han sido considerados como actividades permitidas tanto para comercios como restaurantes, limitar su operación es otro grave error. El despacho del comercio electrónico de todo tipo de productos y el delivery de restaurantes debe darse en horarios extendidos para facilitar la operación y no repetir los problemas que ya enfrentamos el año pasado por demoras y reprogramaciones, dada la alta demanda del público ante negocios que están cerrados.

Por otro lado, la poca claridad sobre el rubro de mejoramiento del hogar y productos de ferretería. Este es un sector considerado como de bienes esenciales en EE. UU., Europa, Chile, Colombia, entre otros. ¡No aprendimos nada! Estos productos son parte de la cadena de la actividad industrial y construcción, ambos sectores autorizados. Además, son productos necesarios para brindar soluciones a problemas de los hogares y realizar actividades en casa en los periodos de confinamiento. Así, si bien los servicios de gasfitería, electricidad y otras reparaciones están autorizados, ¿Dónde van a adquirir los productos para atender estas reparaciones? ¿En el mercado informal? No obstante, el 70% de la mercadería de las tiendas de mejoramiento del hogar son productos nacionales, por lo que constituyen un importante motor de la industria local, en particular de las pymes.

Reactivar la economía significaba volver al trabajo de manera gradual y cumplir protocolos. Si los contagios continuaban subiendo, llegaría el momento de una nueva cuarentena estricta por un rebrote. Era clave la mascarilla y el distanciamiento físico. A esto suma como primer factor que influyó fue la cultura informal que tiene historia en nuestro país como es el Perú. No se respetaron las reglas de juego, ni siquiera sabiendo que quien las incumplía ponía en riesgo su propia vida y la de otros.

A manera de conclusión, realmente es aterrador observar a personas que solo se ponen la mascarilla cuando la televisión los enfoca es triste. Porfío, no se trataba de no salir a trabajar, sino de hacerlo manteniendo la distancia, siempre con la mascarilla. Muchos ciudadanos pensaron de manera manifiesta que “a mí no me va a pasar” o “vivamos el hoy, nadie sabe si estaremos vivos mañana”, no solo pienses en ti, sino en tu familia, tus seres queridos y amistades. Hasta cuándo la mala costumbre de querer sacar la vuelta a las normas es algo que debemos erradicar.

Si el propósito es que aquellos que viven del ingreso diario salgan lo menos posible, pues el gobierno debe asistirlos. ¿Podrá hacerlo? ¿En qué hemos mejorado como gestores de un aislamiento confinados en 2020?  ¿Qué hacemos con aquellos que viven al día y tienen que salir? ¿Y con los informales?

Recomiendo que debemos dejar de lado las ideologías. El Estado no ha sido capaz de comprar con antelación las vacunas. ¿Por qué, esta vez, sería capaz de asistir a los más vulnerables con la urgencia que la situación requiere? ¿No es hora de ayudarnos todos? Se debe dimitir posturas ideológicas y pensar en los ciudadanos que han perdido familiares y por los que luchan por su vida debe ser nuestro único objetivo.

Ojalá se desarrollen los ajustes necesarios para evitar tropezar con la misma piedra.

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