Sociedad Filarmonica de Lima y conciertos de verano 2026

Notable segundo concierto del ciclo Cuerdas de Verano 2026 presentado anoche por la Sociedad Filarmonica de Lima en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.

El Cuarteto Allegro interpretò dos obras escritas en la tonalidad fa pero con sesenta y tres años de distancia: el Cuarteto n.º 11 «Serioso», op. 95 de Beethoven (1810) y el Cuarteto n.º 5, op. 9 de Antonín Dvořák (1873).

El conjunto conformado por Alejandro Machado y Reina Dios (violines), Abraham Rodríguez (viola) y Leo Barraza (violonchelo)— que debutó como elenco de la Sociedad Filarmonica de Lima en el 2023, ha hecho de este ciclo de verano su proyecto más ambicioso hasta ahora.

El programa de esta segunda velada -a decir del critico Alonso Almenara- nos propuso escuchar a dos compositores, en momentos muy distintos de la historia y de sus propias vidas, eligieron el mismo paisaje tonal para enfrentar demonios personales.

Beethoven tenía cuarenta años cuando terminó el «Serioso» en el otoño de 1810, y el mundo a su alrededor parecía desmoronarse. Napoleón había bombardeado Viena el año anterior —por segunda vez en cuatro años—; sus amigos aristócratas habían huido; su oído seguía deteriorándose; y un compromiso sentimental que prometía ser la gran historia de amor de su vida adulta acababa de romperse. En ese contexto escribió a un amigo: «Si no hubiera leído en algún lugar que no se debe abandonar la vida voluntariamente mientras uno puede hacer algo útil, ya habría muerto, y ciertamente por mano propia». El cuarteto que compuso ese otoño lleva todo ese peso.

La historia del Cuarteto n.º 5 de Dvořák es, en cambio, la de una herida que tardó medio siglo en cicatrizar. Compuesto en 1873, fue rechazado por el Cuarteto Bennewitz —uno de los más prestigiosos de Praga— con el argumento de que carecía del «estilo apropiado para la música de cámara». Dvořák reaccionó arrancando la página del título y entregando el manuscrito al crítico Václav Juda Novotný con la instrucción de que no quería volver a verlo. El manuscrito reapareció entre los papeles de Novotný tras su muerte, en 1910. El mundo no escucharía la obra hasta 1930, veintiséis años después de la muerte de su autor.

Hoy cuesta entender qué pudo molestar a aquellos músicos. Lo que encontramos es un Dvořák en tránsito, abandonando la fascinación juvenil por Wagner para reencontrarse con

la tradición clásica. El segundo movimiento —un Andante con moto de rara belleza— le gustó tanto al propio compositor que lo reutilizó como base de su Romanza en fa menor para violín y orquesta, op. 11. El tercero es un vals que se prohíbe la ligereza: síncopes inquietas palpitan bajo una melodía de filo ardiente, como si la música quisiera bailar sin lograr desprenderse del peso que carga.

A los efusivos aplausos del pùblico, el cuarteto ofreciò como propina el segundo movimiento del cuarteto de Dvorak.

Los esperamos en el pròximo tercer y ultimo concierto del ciclo de Cuerdas de Verano el mièrcoles 29 de abril en la misma Parroquia Nuestra Señora de Fàtima.

FOTOS: Juan Ponce

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