El costo invisible de no tomar decisiones de inversión a tiempo 

Por Prensa Rumbo Económico

Muchas personas creen que dejar su dinero en una cuenta de ahorros mientras deciden cuándo invertir es una elección sin consecuencias.

Sin embargo, existe un costo que pocas veces se toma en cuenta: el crecimiento que ese capital deja de generar durante el tiempo que permanece inmóvil.

Este fenómeno, conocido como el “costo invisible” de no invertir a tiempo, no aparece reflejado en un estado de cuenta ni implica una pérdida inmediata de dinero. No obstante, representa una oportunidad de rentabilidad que difícilmente puede recuperarse una vez que el tiempo ha pasado.

Este escenario cobra especial relevancia considerando que, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 63,9 % de la población de 18 años o más ya cuenta con al menos un producto de ahorro en el sistema financiero. Si bien el acceso continúa creciendo, el reto ahora es fomentar que más personas den el siguiente paso y conviertan sus ahorros en oportunidades de inversión. 

“El costo invisible es la diferencia entre lo que tu dinero podría haber generado y lo que efectivamente generó mientras estuvo sin invertir. Es invisible porque el dinero sigue ahí, pero cada mes que pasa sin ponerlo a trabajar representa una oportunidad de crecimiento que ya no vuelve”, explica Diego Mallqui, especialista en gestión patrimonial y CEO de Finniu.

De acuerdo con el especialista, existen patrones de comportamiento que suelen retrasar el inicio de una inversión. Estos son los tres más comunes: 

1. Creer que se necesita mucho dinero o experiencia para empezar: Una de las principales barreras es la percepción de que invertir solo es posible si se cuenta con un capital elevado o con conocimientos técnicos avanzados. Esta idea lleva a muchas personas a posponer el primer paso, cuando hoy existen alternativas que permiten comenzar con montos accesibles y aprender en el proceso. 

2. Esperar el “momento perfecto”: Otra razón frecuente es creer que existe un escenario ideal para invertir, ya sea cuando la economía mejore, haya mayor estabilidad política o las finanzas personales estén completamente ordenadas. Sin embargo, ese momento rara vez llega con total certeza, por lo que la decisión suele aplazarse indefinidamente. 

3. No convertir la inversión en un hábito: Muchas personas no establecen un monto ni una fecha específica para invertir. Al no existir un plan, la decisión queda sujeta a las prioridades del momento y termina desplazándose por otros gastos o necesidades de corto plazo. Crear un hábito mediante aportes periódicos puede ayudar a evitar esta postergación.

Al respecto, Mallqui añadió que cuando se trata de invertir, el tiempo juega a favor de quienes empiezan antes: “Si una persona invierte hoy S/10,000 con una rentabilidad anual de 8%, en cinco años podría acumular cerca de S/14,700; si espera un año para empezar, alcanzaría aproximadamente S/13,600. La diferencia está en el tiempo que el dinero permanece generando rendimientos. Una vez que las personas desarrollan el hábito de invertir, suelen mantener e incrementar progresivamente sus aportes”. 

En otras palabras, el mayor costo no siempre es una pérdida visible, sino el tiempo que se deja pasar sin permitir que el dinero trabaje a favor de quien decide invertir. “En Finniu hemos visto que quienes inician su primera inversión, sin importar el monto, tienden a mantener el hábito en el tiempo: nuestra tasa de retención de clientes es de 75%, lo que confirma que el paso más difícil es el primero”, concluye Mallqui.

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