La digitalización veloz sin capacitación expone a los usuarios de provincias a mayores riesgos de fraude y estafas.
La transformación digital del sector financiero peruano ha vivido un salto cuántico en los últimos cinco años, logrando que millones de ciudadanos accedan por primera vez al sistema financiero a través de un teléfono móvil. Sin embargo, este avance ha dejado al descubierto una brecha digital silenciosa y peligrosa: la desconexión entre la tenencia de herramientas digitales y la capacidad real del usuario para gestionarlas de forma segura, advierte Roberto Casana, Jefe de la Sección de Ciberseguridad de Caja Piura.
Para el ejecutivo de Caja Piura “mientras las aplicaciones se vuelven más rápidas, la educación digital financiera de la población avanza a paso lento, creando un terreno fértil para el fraude y la desconfianza. El origen de este fenómeno radica en una digitalización acelerada, muchas veces forzada por la necesidad de inmediatez y tenemos usuarios financieramente incluidos en las estadísticas porque poseen una cuenta o una billetera digital, pero que en la práctica son vulnerables porque no saben manejarlo, ni entender protocolos básicos de seguridad en internet”.
Esta situación se traduce en un aumento de riesgos que van desde la ingeniería social hasta el phishing. No se trata de fallas en los sistemas tecnológicos financieros, sino que cuando una persona no sabe distinguir un mensaje oficial de uno fraudulento, o comparte claves por desconocimiento, la tecnología deja de ser una herramienta de desarrollo y pasa a ser una fuente de angustia financiera, lo que eventualmente provoca que el usuario abandone el sistema formal y regrese al uso de dinero en efectivo.
Casana de Caja Piura, explica que la estrategia regional actual se centra en ‘evangelizar’ al usuario rural y periurbano: “ya no se trata solo de desplegar tecnología, sino de implementar sistemas de biometría amigables y alertas en tiempo real que funcionen como un ‘copiloto de seguridad’ para el emprendedor local. Este acompañamiento cercano y constante es la única vía efectiva para blindar la confianza del usuario y evitar que la brecha de conocimiento termine vulnerando sus ahorros”, dijo el ejecutivo.
El futuro del sistema financiero nacional depende de cómo enfrentemos esta brecha hoy y para crecer, las regiones necesitan usuarios empoderados que entiendan que la seguridad de su dinero empieza por su propia gestión digital. Solo equilibrando la balanza entre innovación tecnológica y educación preventiva, podremos hablar de una inclusión financiera real, segura y con impacto social.
Al respecto, Caja Piura, advierte sobre la urgencia de cambiar el enfoque. “La verdadera inclusión financiera no es solo entregar una tarjeta o una App; es garantizar que el cliente sepa usarla sin miedo y con responsabilidad. Hoy enfrentamos una brecha crítica: la tecnología avanza a una velocidad que supera la capacidad de adaptación de muchos usuarios, especialmente en zonas donde la conectividad llegó antes que la educación financiera.
En provincias, donde la penetración de internet ha crecido pero la infraestructura educativa digital sigue rezagada, el desafío es doble. Para que las economías regionales crezcan, los emprendedores y ciudadanos deben adoptar la digitalización no como una imposición, sino como un aliado seguro.

