La nueva revolución educativa latinoamericana será virtual
La educación virtual se ha convertido en uno de los principales motores de transformación en América Latina.
En una región donde persisten brechas estructurales de acceso, calidad y conectividad, el aprendizaje online avanza como una herramienta clave para ampliar oportunidades educativas, especialmente en contextos donde la presencialidad sigue estando limitada por factores económicos, geográficos y sociales.
Para Luciano Velazco, especialista en educación a distancia, la modalidad virtual contribuye a emparejar el punto de partida educativo. “En países como el Perú, el talento está en todas partes, pero las oportunidades no. El aprendizaje remoto permite que un joven de provincia o una madre que trabaja acceda a oportunidades que antes estaban reservadas para pocos”, sostiene.
En los últimos años, el mercado latinoamericano de educación online ha experimentado un crecimiento sostenido. En 2024, alcanzó cerca de 4.210 millones de dólares y se proyecta que llegue a 22.860 millones hacia 2033, con una tasa de crecimiento anual cercana al 20,7%, lo que confirma que se trata de una transformación estructural y no coyuntural.
Este avance está impulsado por la expansión del internet móvil, la masificación de los teléfonos inteligentes y la creciente necesidad de formación continua en un mercado laboral cada vez más competitivo. A ello se suma la agenda digital promovida por organismos como la CEPAL y la UNESCO, que reconocen al aprendizaje virtual como un eje estratégico para fomentar la inclusión y reducir desigualdades históricas en la región.
Acceso desde cualquier lugar
Una de las principales ventajas del aprendizaje online es la reducción de barreras geográficas. En territorios marcados por profundas desigualdades territoriales, estudiar desde zonas rurales o alejadas de los centros urbanos ha sido un desafío. Sin embargo, experiencias recientes demuestran impactos concretos: un programa virtual implementado en Panamá incrementó la participación estudiantil de 60% a 90% y elevó la retención escolar de 10% a 25%, además de generar ahorros significativos para las familias participantes.
Asimismo, plataformas de cursos masivos y abiertos (MOOC) de universidades latinoamericanas registran desde 2019 cientos de miles de inscritos en diversas áreas, desde minería y sismología hasta políticas públicas.
Ahorros y nuevas oportunidades
Más allá del costo de las matrículas, la presencialidad implica gastos adicionales como transporte, alojamiento, materiales y alimentación, que muchas familias latinoamericanas no pueden asumir. La educación virtual reduce de manera significativa estos gastos ocultos, facilitando la continuidad educativa sin comprometer la estabilidad económica del hogar.
“Durante décadas diseñamos programas para estudiantes ‘ideales’, con tiempo libre y sin responsabilidades. Hoy la mayoría de personas estudia mientras trabaja, cría hijos o se adapta a un nuevo país. La virtualidad respeta esa realidad y, para muchos, es la primera vez que estudiar vuelve a ser una posibilidad real”, afirma Velazco.
El interés por esta modalidad también está asociado a la demanda de habilidades digitales y profesionales. Un informe de Harvard Online señala que, tras la pandemia, el 60% de estudiantes universitarios a nivel global se inscribió en al menos un curso online y el 28% optó por estudiar exclusivamente en línea. Aunque el estudio se realizó en Estados Unidos, ofrece señales relevantes para América Latina, donde la flexibilidad y los costos accesibles hacen que la educación virtual resulte especialmente atractiva para adultos que buscan reconversión o actualización profesional.
Una transformación cultural del aprendizaje
La expansión de la formación en línea también está modificando la cultura del acceso al conocimiento. Si bien la CEPAL advierte que persisten brechas de conectividad y competencias digitales, la región avanza hacia un modelo educativo cada vez más apoyado en tecnologías.
En este contexto, el especialista advierte que el principal desafío es no confundir acceso con calidad. “La tecnología por sí sola no transforma la educación. Se necesitan mejores diseños pedagógicos, formación docente, acompañamiento al estudiante y modelos que pongan a la persona, no a la plataforma, en el centro”, señala.
Los programas virtuales han demostrado que la enseñanza puede adaptarse a entornos familiares y laborales de miles de personas. En realidades donde estudiar presencialmente implica dejar el empleo o descuidar responsabilidades de cuidado, el aprendizaje online se presenta como una alternativa viable para quienes deben equilibrar trabajo, hogar y formación.
A partir de esta transformación, Velazco destaca que la educación ha dejado de ser un evento puntual para convertirse en un proceso permanente. “Hoy el conocimiento se comparte y se construye en comunidad. Ya no se trata solo de obtener un título, sino de mantenerse relevante y abrir oportunidades a lo largo de la vida. Ese cambio cultural, para América Latina, es profundamente transformador”, concluye.

