El crecimiento de los desembolsos digitales y el avance de las Finanzas Abiertas están cambiando el terreno competitivo de las microfinanzas. Para las cajas y cooperativas, el desafío ya no es solo llevar servicios al celular, sino modernizar la infraestructura que permite evaluar, aprobar y entregar crédito con mayor velocidad.
Lima, septiembre de 2026.- La digitalización del crédito ya dejó de ser una apuesta para las microfinanzas peruanas. En mayo, Caja Arequipa desembolsó más de S/179 millones a través de canales digitales, equivalentes al 38,7% de sus desembolsos totales. Un año antes, esa participación era de 19,5%.
El cambio apunta a una transformación más profunda que el simple traslado de operaciones de una agencia a una aplicación. Mientras las entidades aceleran la migración de sus clientes hacia canales digitales, el sistema financiero peruano también está avanzando hacia una infraestructura en la que los datos pueden convertirse en un activo cada vez más relevante para evaluar clientes, desarrollar productos y ampliar el acceso al crédito.
En julio, la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) publicó los lineamientos para implementar el futuro Sistema de Finanzas Abiertas del Perú. El modelo contempla el intercambio seguro y estandarizado de información financiera mediante APIs, con consentimiento del usuario, además de estándares de interoperabilidad y una incorporación progresiva de participantes. La primera etapa priorizaría información transaccional de cuentas de ahorro y tarjetas de crédito.
Para las instituciones que atienden a microempresarios, el cambio puede ser especialmente relevante. La propia SBS identificó durante la fase de diagnóstico de Finanzas Abiertas que la evaluación crediticia y la gestión de las finanzas personales y empresariales se encuentran entre los usos con mayor potencial para este nuevo modelo. La entidad también señaló que inicialmente se contempla compartir información transaccional histórica, como ingresos, saldos y patrones de comportamiento financiero.
El desafío, por tanto, empieza a desplazarse: ya no se trata solamente de ofrecer una aplicación móvil, sino de contar con la infraestructura necesaria para transformar información y procesos en decisiones financieras más rápidas.
“El sistema solidario peruano no necesita copiar el modelo de una fintech para competir con ella; necesita una infraestructura que le permita ofrecer, desde el celular, la misma agilidad que sus socias emprendedoras ya encuentran en otras aplicaciones, sin perder lo que las cajas y cooperativas siempre han hecho bien: conocer a su cliente“, explica Jorge Iglesias, CEO de Topaz.
Del canal digital al crédito de punta a punta
El avance de Caja Arequipa muestra que el comportamiento del cliente ya está cambiando. En apenas un año, la proporción de sus desembolsos realizados exclusivamente por canales digitales prácticamente se duplicó, pasando de 19,5% a 38,7%.
La siguiente etapa consiste en llevar esa transformación más allá del desembolso: desde la solicitud y evaluación del crédito hasta su aprobación, contratación, desembolso, seguimiento y eventual renovación, sin depender de procesos físicos.
Esto adquiere especial importancia en un sistema orientado a pequeños negocios, donde el tiempo también es parte del valor del financiamiento. Para un microempresario, reducir desplazamientos y tiempos de espera puede ser tan relevante como obtener una tasa competitiva.
La presión no proviene únicamente del comportamiento de los usuarios. El ecosistema financiero peruano también está incorporando nuevos modelos digitales. En julio, la SBS reglamentó el modelo de Banking as a Service (BaaS), que permite a entidades financieras prestar servicios bajo esquemas que facilitan el desarrollo de nuevos productos y modelos digitales, manteniendo exigencias de seguridad, gestión de riesgos y protección al usuario.
Al mismo tiempo, nuevas empresas digitales continúan ingresando al perímetro regulado. La SBS autorizó en junio el funcionamiento de Prex Perú como empresa de créditos y, durante 2026, también ha autorizado la organización de nuevas entidades vinculadas a modelos digitales de dinero electrónico y servicios financieros.
La combinación de estos factores eleva la competencia: las instituciones tradicionales ya no compiten solamente por presencia física o cercanía territorial, sino también por la capacidad de convertir esa relación histórica con el cliente en una experiencia financiera digital.
La ventaja que las fintech no pueden replicar fácilmente
Las cajas y cooperativas parten, sin embargo, de una posición distinta a la de los nuevos jugadores digitales. Su ventaja está en el conocimiento acumulado de segmentos que históricamente han sido difíciles de atender para el sistema financiero tradicional.
El reto es trasladar ese conocimiento a sistemas capaces de operar a la velocidad de los nuevos canales digitales.
Para Topaz, compañía del Grupo Stefanini especializada en tecnología financiera, esa transición no necesariamente exige reemplazar desde cero la infraestructura existente. Las arquitecturas cloud-native y los despliegues modulares permiten, según la empresa, incorporar nuevas capacidades sobre los sistemas actuales y acelerar el lanzamiento de productos digitales.
La discusión tecnológica, en ese sentido, deja de ser únicamente una cuestión de aplicaciones móviles. El verdadero desafío está en modernizar las capas que conectan datos, procesos, evaluación de riesgo y productos financieros.
Ese debate será uno de los temas de SUMMIC Cartagena 2026, que reunirá el 28 y 29 de septiembre a representantes de las microfinanzas y otros actores del ecosistema financiero regional.
La agenda del encuentro incluye precisamente un panel sobre regulación, innovación y ecosistemas digitales, con énfasis en Open Finance, plataformas digitales y alianzas estratégicas. También contempla una sesión sobre el uso de tecnología, datos e inteligencia artificial para acercar a los microempresarios al crédito.
La nueva ecuación: confianza, datos y velocidad
El avance hacia las Finanzas Abiertas puede añadir una nueva dimensión a esta transformación. La hoja de ruta de la SBS contempla una implementación gradual: después de las fases de diagnóstico y desarrollo regulatorio, la implementación de la banca abierta está prevista para comenzar de manera gradual desde 2027, con una posterior ampliación hacia un modelo de Finanzas Abiertas.
Para las cajas y cooperativas, esto significa que la ventaja competitiva del futuro podría depender de su capacidad para combinar tres elementos: la confianza construida durante décadas, el conocimiento de sus clientes y una infraestructura capaz de convertir datos y procesos en servicios financieros más rápidos y personalizados.
“Las cajas y cooperativas peruanas tienen algo que ninguna fintech puede comprar de un día para otro: la confianza acumulada de millones de socios. El full banking digital no busca reemplazar esa confianza, busca que esté disponible las 24 horas, desde cualquier lugar del país“, concluye Iglesias.
El desafío para el sistema solidario ya no es simplemente estar en el celular. Es conseguir que la experiencia, los datos y la capacidad de decisión que históricamente estuvieron detrás de una agencia puedan operar también a la velocidad de un mercado financiero cada vez más digital.