El anuncio del retorno de CADE Ejecutivos al Cusco, del 24 al 26 de noviembre de 2026, marca mucho más que el cambio de sede del principal encuentro empresarial del país. La designación del economista y analista de mercados Rolando Arellano como presidente del comité organizador envía una señal de renovación en un momento en el que el Perú enfrenta el desafío de recuperar la confianza de los inversionistas, fortalecer sus instituciones y consolidar una nueva etapa de crecimiento económico.
Después de varios años de incertidumbre política, desaceleración de las inversiones y pérdida de competitividad frente a otras economías de la región, el país necesita construir consensos que trasciendan los discursos y se traduzcan en reformas concretas. En ese contexto, CADE 2026 tiene la posibilidad de convertirse en un punto de inflexión para definir una agenda nacional que priorice la productividad, la generación de empleo formal y el fortalecimiento del Estado de derecho.
Cusco: un símbolo de descentralización y desarrollo
La elección del Cusco como sede del evento tiene un significado estratégico. No solo representa el reconocimiento a una de las regiones con mayor potencial turístico, cultural y económico del país, sino que también pone sobre la mesa un tema pendiente desde hace décadas: la descentralización efectiva.
Durante años, la descentralización se concentró en la transferencia de recursos y competencias hacia los gobiernos regionales y locales. Sin embargo, los resultados han sido heterogéneos debido a las limitaciones en capacidad de gestión, planificación y ejecución de proyectos.
Hoy, el desafío consiste en impulsar una descentralización orientada a la competitividad. Ello implica cerrar brechas de infraestructura, mejorar la conectividad, fortalecer la educación técnica, ampliar el acceso a la tecnología y crear condiciones para que las inversiones privadas lleguen con mayor intensidad a las regiones.
El desarrollo económico sostenible no puede depender únicamente de Lima. Las regiones deben convertirse en motores de crecimiento mediante políticas públicas que aprovechen sus ventajas comparativas y promuevan cadenas de valor con mayor contenido tecnológico.
El reto de recuperar la confianza para invertir
Uno de los principales desafíos que enfrentará CADE 2026 será abordar la pérdida de confianza generada por años de inestabilidad política y regulatoria.
El Perú mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos, una política monetaria responsable, una inflación controlada y un sistema financiero resiliente. Sin embargo, estos activos no son suficientes cuando la incertidumbre política retrasa decisiones de inversión o cuando los procesos administrativos prolongan durante años la ejecución de proyectos estratégicos.
La confianza empresarial se construye sobre reglas claras, instituciones previsibles y seguridad jurídica. Sin estos elementos, incluso los países con abundantes recursos naturales pierden competitividad frente a economías que ofrecen mayor estabilidad para hacer negocios.
Por ello, el debate en CADE no debería limitarse a las proyecciones de crecimiento del PBI o a los indicadores coyunturales. El verdadero desafío será definir cómo acelerar las reformas que permitan reducir la burocracia, simplificar los procesos administrativos y fortalecer la institucionalidad.
Competitividad: una tarea impostergable
El Perú posee ventajas competitivas que pocos países de la región pueden igualar. La minería continúa siendo uno de los pilares de la economía nacional; la agroexportación mantiene una expansión sostenida; el turismo conserva un enorme potencial de crecimiento y el país cuenta con una posición geográfica privilegiada para integrarse a los mercados del Asia-Pacífico.
Sin embargo, aprovechar estas fortalezas requiere resolver problemas estructurales que limitan el crecimiento.
La informalidad laboral sigue afectando a una parte importante de la población económicamente activa, mientras que las brechas de infraestructura elevan los costos logísticos y reducen la productividad de las empresas. A ello se suman desafíos en materia de seguridad ciudadana, educación, innovación y transformación digital.
En este escenario, la competitividad debe entenderse como una política de Estado que trascienda los ciclos de gobierno y articule esfuerzos entre el sector público, la empresa privada y la academia.
Del diálogo a los resultados
CADE ha sido históricamente el espacio donde convergen empresarios, autoridades, especialistas y representantes de la sociedad civil para debatir sobre el futuro del país. Sin embargo, una de las críticas recurrentes es que muchas de las propuestas formuladas durante sus ediciones anteriores no lograron convertirse en políticas públicas o reformas sostenibles.
El contexto actual exige un cambio de enfoque.
Más que un foro de reflexión, CADE 2026 debe consolidarse como una plataforma para construir compromisos verificables, con metas claras, responsables identificados y mecanismos de seguimiento que permitan evaluar el cumplimiento de los acuerdos alcanzados.
El país necesita pasar de los diagnósticos a la ejecución.
Una oportunidad que el Perú no puede desaprovechar
La presidencia de Rolando Arellano aporta una visión que reconoce la diversidad económica y social del país. Su trayectoria en el análisis de los mercados peruanos ha demostrado que el desarrollo no puede diseñarse exclusivamente desde la perspectiva de la capital, sino comprendiendo las dinámicas de las regiones y el enorme potencial de millones de emprendedores que sostienen la economía nacional.
CADE Ejecutivos 2026 llega en un momento decisivo. El Perú enfrenta la posibilidad de recuperar el dinamismo económico y fortalecer su posición como uno de los mercados más atractivos de América Latina. Pero ello dependerá de la capacidad de construir consensos, impulsar reformas y generar condiciones que promuevan la inversión, la innovación y el empleo formal.
Más allá de las conferencias y los anuncios, el verdadero legado de esta edición será su capacidad para convertir las ideas en acciones concretas.
Porque el país no necesita únicamente nuevos diagnósticos; necesita decisiones que impulsen el desarrollo y fortalezcan la confianza en el futuro del Perú.
El anuncio del retorno de CADE Ejecutivos al Cusco, del 24 al 26 de noviembre de 2026, marca mucho más que el cambio de sede del principal encuentro empresarial del país. La designación del economista y analista de mercados Rolando Arellano como presidente del comité organizador envía una señal de renovación en un momento en el que el Perú enfrenta el desafío de recuperar la confianza de los inversionistas, fortalecer sus instituciones y consolidar una nueva etapa de crecimiento económico.
Después de varios años de incertidumbre política, desaceleración de las inversiones y pérdida de competitividad frente a otras economías de la región, el país necesita construir consensos que trasciendan los discursos y se traduzcan en reformas concretas. En ese contexto, CADE 2026 tiene la posibilidad de convertirse en un punto de inflexión para definir una agenda nacional que priorice la productividad, la generación de empleo formal y el fortalecimiento del Estado de derecho.
Cusco: un símbolo de descentralización y desarrollo
La elección del Cusco como sede del evento tiene un significado estratégico. No solo representa el reconocimiento a una de las regiones con mayor potencial turístico, cultural y económico del país, sino que también pone sobre la mesa un tema pendiente desde hace décadas: la descentralización efectiva.
Durante años, la descentralización se concentró en la transferencia de recursos y competencias hacia los gobiernos regionales y locales. Sin embargo, los resultados han sido heterogéneos debido a las limitaciones en capacidad de gestión, planificación y ejecución de proyectos.
Hoy, el desafío consiste en impulsar una descentralización orientada a la competitividad. Ello implica cerrar brechas de infraestructura, mejorar la conectividad, fortalecer la educación técnica, ampliar el acceso a la tecnología y crear condiciones para que las inversiones privadas lleguen con mayor intensidad a las regiones.
El desarrollo económico sostenible no puede depender únicamente de Lima. Las regiones deben convertirse en motores de crecimiento mediante políticas públicas que aprovechen sus ventajas comparativas y promuevan cadenas de valor con mayor contenido tecnológico.
El reto de recuperar la confianza para invertir
Uno de los principales desafíos que enfrentará CADE 2026 será abordar la pérdida de confianza generada por años de inestabilidad política y regulatoria.
El Perú mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos, una política monetaria responsable, una inflación controlada y un sistema financiero resiliente. Sin embargo, estos activos no son suficientes cuando la incertidumbre política retrasa decisiones de inversión o cuando los procesos administrativos prolongan durante años la ejecución de proyectos estratégicos.
La confianza empresarial se construye sobre reglas claras, instituciones previsibles y seguridad jurídica. Sin estos elementos, incluso los países con abundantes recursos naturales pierden competitividad frente a economías que ofrecen mayor estabilidad para hacer negocios.
Por ello, el debate en CADE no debería limitarse a las proyecciones de crecimiento del PBI o a los indicadores coyunturales. El verdadero desafío será definir cómo acelerar las reformas que permitan reducir la burocracia, simplificar los procesos administrativos y fortalecer la institucionalidad.
Competitividad: una tarea impostergable
El Perú posee ventajas competitivas que pocos países de la región pueden igualar. La minería continúa siendo uno de los pilares de la economía nacional; la agroexportación mantiene una expansión sostenida; el turismo conserva un enorme potencial de crecimiento y el país cuenta con una posición geográfica privilegiada para integrarse a los mercados del Asia-Pacífico.
Sin embargo, aprovechar estas fortalezas requiere resolver problemas estructurales que limitan el crecimiento.
La informalidad laboral sigue afectando a una parte importante de la población económicamente activa, mientras que las brechas de infraestructura elevan los costos logísticos y reducen la productividad de las empresas. A ello se suman desafíos en materia de seguridad ciudadana, educación, innovación y transformación digital.
En este escenario, la competitividad debe entenderse como una política de Estado que trascienda los ciclos de gobierno y articule esfuerzos entre el sector público, la empresa privada y la academia.
Del diálogo a los resultados
CADE ha sido históricamente el espacio donde convergen empresarios, autoridades, especialistas y representantes de la sociedad civil para debatir sobre el futuro del país. Sin embargo, una de las críticas recurrentes es que muchas de las propuestas formuladas durante sus ediciones anteriores no lograron convertirse en políticas públicas o reformas sostenibles.
El contexto actual exige un cambio de enfoque.
Más que un foro de reflexión, CADE 2026 debe consolidarse como una plataforma para construir compromisos verificables, con metas claras, responsables identificados y mecanismos de seguimiento que permitan evaluar el cumplimiento de los acuerdos alcanzados.
El país necesita pasar de los diagnósticos a la ejecución.
Una oportunidad que el Perú no puede desaprovechar
La presidencia de Rolando Arellano aporta una visión que reconoce la diversidad económica y social del país. Su trayectoria en el análisis de los mercados peruanos ha demostrado que el desarrollo no puede diseñarse exclusivamente desde la perspectiva de la capital, sino comprendiendo las dinámicas de las regiones y el enorme potencial de millones de emprendedores que sostienen la economía nacional.
CADE Ejecutivos 2026 llega en un momento decisivo. El Perú enfrenta la posibilidad de recuperar el dinamismo económico y fortalecer su posición como uno de los mercados más atractivos de América Latina. Pero ello dependerá de la capacidad de construir consensos, impulsar reformas y generar condiciones que promuevan la inversión, la innovación y el empleo formal.
Más allá de las conferencias y los anuncios, el verdadero legado de esta edición será su capacidad para convertir las ideas en acciones concretas.
Porque el país no necesita únicamente nuevos diagnósticos; necesita decisiones que impulsen el desarrollo y fortalezcan la confianza en el futuro del Perú.

